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María Luisa Guardiola Domínguez

 

María Luisa Guardiola y la doctora Ana María Álvarez Silván

María Luisa Guardiola Domínguez: Corazón y Esperanza de la Sevilla Solidaria (1940-2026)

Sevilla se despide de una de sus figuras más luminosas, pero su legado permanece tejido en las paredes de los hospitales y en el alma de miles de familias. María Luisa Guardiola no fue solo una mujer de la nobleza sevillana; fue, ante todo, la madre que convirtió su dolor más profundo en un motor de vida para los demás. Su existencia fue un testimonio de cómo la tragedia personal puede transformarse en una victoria colectiva sobre el desamparo.

Una vida entre luces y sombras

Proveniente de una familia de criadores de reses bravas y caballos, era hija de Salvador Guardiola Fantoni y María Luisa Domínguez Pérez de Vargas, esta última hermana del marqués del Contadero, quien ocupó el cargo de alcalde de Sevilla. Fueron catorce hermanos,  María Luisa manifestó que tuvo una infancia que ella misma definía con una lucidez conmovedora: "Una infancia muy feliz en una familia muy desgraciada".

La fatalidad golpeó temprano a su puerta con la pérdida de tres hermanos, entre ellos el recordado rejoneador Salvador Guardiola. Sin embargo, el golpe definitivo que quebró su mundo fue la partida de su hija María Luisa en 1975, con tan solo nueve años, a causa del cáncer. Casada con Luis Manuel Halcón de la Lastra, Conde de Peñaflor, y madre de siete hijos, María Luisa decidió que el vacío dejado por su pequeña no se llenaría con silencio, sino con acción.

El nacimiento de la esperanza: ANDEX

En una época donde el cáncer infantil era un tabú y los recursos escaseaban, María Luisa alzó la voz. En 1985, junto a la doctora Ana María Álvarez Silván y otros padres valientes, fundó la Asociación de Padres de Niños Oncológicos de Andalucía (ANDEX).

Desde la presidencia, que ostentó con una entrega inquebrantable durante décadas, se propuso un objetivo doble: fomentar la investigación científica y, sobre todo, humanizar la enfermedad. Para María Luisa, el hospital no debía ser un lugar gris, sino un espacio donde la infancia pudiera seguir floreciendo a pesar de la adversidad.

El legado de las realidades: De la Unidad de Día a la Planta Zero

Bajo su liderazgo, la solidaridad de los sevillanos y el esfuerzo de empresas privadas se materializaron en hitos históricos para la sanidad pública:

  • 2002: La financiación de la Unidad Oncohematológica Pediátrica.

  • 2013: La creación de la Unidad de Día, facilitando tratamientos menos invasivos para la rutina familiar.

  • 2024: El cumplimiento de su último gran sueño, la Planta Zero, una unidad específica para adolescentes en el Hospital Virgen del Rocío, permitiendo que los jóvenes recibieran atención adaptada a su edad y necesidades.

Filosofía de vida: El derecho a ser niño

María Luisa siempre defendió que un diagnóstico no debía arrebatar la niñez. Su lema era que los pequeños estuvieran "como en casa", rodeados de juegos, maestros y, sobre todo, de su familia. Logró que el Hospital Virgen del Rocío se convirtiera en un centro de referencia nacional, donde familias de toda Andalucía encontraban no solo medicina, sino un refugio psicológico y social.

El reconocimiento de su ciudad

Su labor callada pero constante fue abrazada por las instituciones. Fue distinguida con la Medalla de la Ciudad de Sevilla en 2010 y la Medalla de Andalucía en 2022, reconocimientos que ella siempre recibió con humildad, trasladando el mérito a sus voluntarios y a los propios niños, a quienes consideraba sus verdaderos maestros de vida.

María Luisa Guardiola Domínguez falleció en 2026 a los 86 años, dejando una Sevilla más justa y compasiva. Se fue la mujer, pero queda la obra: una asociación que sigue siendo el faro de esperanza para quienes enfrentan la batalla más difícil, recordándonos que, mientras haya amor y compromiso, ningún niño estará solo en su lucha.

Fuentes

Esta biografía ha sido elaborada a partir de entrevistas publicadas en prensa, reseñas bibliográficas, currículos académicos y, siempre que ha sido posible, con la colaboración y revisión de la persona biografiada.

Autor.  Feliciano Robles.

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Miguel Mañara



Muy buenas tardes Feliciano, ¿qué puedes decirnos de nuestro sevillano ilustre de hoy?

Miguel Mañara Vicentelo de Leca, noble y benefactor. Nació en Sevilla en 1627 y murió en 1679 a los 52 años de edad.

En su madurez se mostró muy preocupado por los pobres, y por eso impulsó la creación para ellos de un hospicio y dos enfermerías. También consiguió finalizar las obras de la Iglesia de San Jorge. Antes de esas iniciativas y dada sus enormes riquezas, dijo haber llevado una vida licenciosa. La figura de Mañara dejó una huella imborrable, consolidando la Santa Caridad como un referente de asistencia y devoción en Sevilla.

Y en cuanto a su entorno, ¿de qué familia venía?

Su padre, Tomás Mañara Leca Colona, era de Córcega, hacia 1574 se trasladó a Sevilla. Su madre, Jerónima Anfriano Vicentelo, nació hacia 1590 y provenía de una familia de origen italiano.

Su padre Tomás Mañara partió a las Indias, donde estuvo casi diez años. Volvió como rico comerciante y con una esclava llamada Martina. En diciembre de 1607 presentó ante el presidente y jueces oficiales de la Casa de Contratación de Indias unas cédulas reales que había conseguido en la Corte de Madrid para poder regresar a América. En Sevilla, ejerció de consiliario del Consulado de Cargadores a Indias. En 1623 compraron la casa palacio de la calle Levíes, en la collación de San Bartolomé. Esta casa pasó a ser propiedad de la Hermandad de la Santa Caridad en 1916 y, en 1989, fue comprada por la Junta de Andalucía.

Miguel Mañara, fue el noveno de los diez hijos que tuvo el matrimonio, de los diez hijos solo sobrevivieron seis.

Su padre, Tomás, obtuvo en 1633 licencia de Felipe IV para establecer un mayorazgo en la familia. Tomás se vio obligado a demostrar que descendía de nobles (por la rama de los Leca) cuestión necesaria para que su hijo Juan Antonio entrase en la Orden de Santiago y para que su hijo Miguel entrase en la Orden de Calatrava.

Sus hermanos mayores, Juan Antonio y Francisco, fallecieron en 1640, por lo que el mayorazgo establecido por su padre le correspondió a Miguel, que solo tenía 14 años. Su padre, Tomás, murió en 1648 y Miguel, con 22 años, se convirtió en una de las personas más ricas de Sevilla. Ese mismo año de 1648, Miguel contrajo matrimonio por poderes con Jerónima Carrillo de Mendoza y Castrillo, nacida en Guadix (Granada), y era la única heredera de la fortuna de sus padres. Su esposa, Jerónima, falleció en Montejaque en 1661. No tuvieron descendencia.

Y qué no dices de su relación con la ciudad de Sevilla

En 1651 se le concedió el cargo de provincial, caballero veinticuatro y juez ejecutivo de la Santa Hermandad, que llevaba anejo el cargo de alcalde mayor o regidor perpetuo, junto con los demás alcaldes que había en Sevilla. El cabildo municipal le eligió como diputado de la defensa de la tierra de Sevilla, de la Casa de la Moneda, de la visita de boticas, de las llaves del Archivo y del agua, de la Cárcel Real y de la Casa de Inocentes o Casa Cuna. En 1666 Mañara renunció a sus cargos de alcalde mayor y de provincial de la Santa Hermandad.

Y de qué otras tareas nos puedes hablar

También fue diputado de los gremios de chapineros, guarnicioneros, roperos, olleros y peineros. Estuvo en una comisión encargada de proponer lo más conveniente para la venta en Sevilla de los vinos del Aljarafe y Constantina.

Consta que acudió durante varios años a reuniones de la Junta del Consulado de Cargadores a Indias. El 3 de junio de 1664 partió a Madrid para realizar gestiones de esta institución en la Corte, donde permanecerá hasta finales de noviembre.

Pero no siempre fue una persona digamos de bien.

De Miguel se dijo que antes de su conversión fue el más soberbio, intrépido y colérico que se puede decir; borrascosísimo, pues cada día no se oía otra cosa que pendencias y lances que había tenido. Todo el mundo le parecía poco y aun en muchos no cabía su despepitado natural, llevado de su gran valor.

Pero en un momento dado, como si dijésemos, se dio la vuelta como a un calcetín ¿verdad?

Poco tiempo después de la muerte de su esposa, Miguel se trasladó unos meses al monasterio de carmelitas descalzos del Desierto de las Nieves. Los historiadores han considerado la muerte de su mujer fundamental en su conversión. Se planteó retirarse del mundo para llevar una vida religiosa con los cartujos, los franciscanos o los mercedarios. El arzobispo de Sevilla, Antonio Payno Osorio, con quien tenía amistad, le disuadió de la idea de retirarse.

Y entonces aparece en escena la Santa Caridad.

La Hermandad de la Santa Caridad, cuyos orígenes se remontan al siglo XV, nació con la misión de enterrar a los ajusticiados y dar sepultura a los pobres y ahogados. Establecida en la Capilla de San Jorge desde 1588, en el siglo XVII emprendió la construcción de una nueva iglesia, aunque las obras se interrumpieron en 1658.

En 1661, la hermandad renovó sus reglas, consolidando su compromiso con los desfavorecidos. Un año después, Miguel Mañara se incorporó a la hermandad, asumiendo un papel fundamental en su transformación. Como consiliario, impulsó la asistencia a indigentes y, pese a ciertas resistencias, fue elegido hermano mayor en 1663. Bajo su liderazgo, la hermandad amplió su labor caritativa, extendiendo su influencia a otras hermandades andaluzas con fines similares.

En 1664, Miguel de Mañara impulsó la creación de un hospicio en las Reales Atarazanas de Sevilla para acoger a los más pobres, pese a la resistencia inicial de algunos miembros de la Hermandad. El cabildo catedralicio apoyó la iniciativa con 200 ducados anuales. En 1665, Mañara redactó un reglamento para su funcionamiento, aprobado por la diócesis. Para financiar la obra, en 1666 vendió valiosas pertenencias en América, obteniendo 3.000 pesos, con los que se adquirió el almacén y se compraron camas para enfermos.

En el viaje que hizo Mañara a Madrid, entre junio y noviembre de 1664, también se encargó de asuntos relacionados con la Caridad, siendo el más importante de ellos el arriendo de una de las naves de las Reales Atarazanas.

El impacto fue notable: en 1667 ya habían asistido a más de tres mil pobres y numerosos enfermos. Su labor atrajo a 550 nuevos hermanos, entre ellos Murillo, quien ingresó en 1665. Mañara renunció a sus cargos en 1666, dedicando su vida por completo a la Caridad.

Pero no quedó aquí su aportación ¿verdad?

En 1673, Miguel de Mañara obtuvo permiso para construir una enfermería en las Reales Atarazanas y, sin esperar la llegada del legado de Mateo de Soto, inició las obras de inmediato. Un año después, el 14 de junio de 1674, la enfermería ya estaba en funcionamiento con 24 camas.

Ese mismo año, Mañara creó la figura de los hermanos de penitencia, encargados de la enfermería. Aprobados por la autoridad eclesiástica, vestían un hábito pardo con cruz y escapulario azul. En sus inicios, eran solo seis: el enfermero mayor, el segundo enfermero, el ropero, el hospiciero, el refitolero y el cocinero, cada uno con funciones clave en la asistencia a los enfermos.

Mañara, siempre fiel a su voto de humildad, dejó su palacio tras la muerte de su suegro y se trasladó a una vivienda más modesta cerca de la Caridad.

Miguel Mañara y la culminación de la Iglesia de la Caridad

Tras años de parálisis en las obras de la iglesia, en 1666 Miguel de Mañara impulsó su finalización con una emotiva colecta iniciada por la humilde donación de 50 pesos de un castañero. Su llamada movilizó a la Hermandad, que reunió 30.000 reales, mientras que Mañara obtuvo préstamos y limosnas que permitieron concluir el templo.

En 1670 se terminaron la capilla mayor y la sacristía, con decoración a cargo de Murillo y Valdés Leal, cuyo cuadro Finis Gloriae Mundi representa a Mañara tras su muerte. La escultura corrió a cargo de Bernardo Simón de Pineda y Pedro Roldán.

Mañara también promovió una enfermería, una cocina para los pobres y otras dependencias. Un providencial legado del capitán Mateo de Soto, aconsejado por el obispo de Cuzco, permitió adquirir otro almacén en las Atarazanas para ampliar la obra asistencial de la Caridad. El 16 de julio de 1674 se inauguró la iglesia.

La nueva enfermería y las reglas de la Caridad

En 1675, Miguel de Mañara reformuló las reglas de la Hermandad de la Caridad, estableciendo su compromiso con el cuidado de los enfermos incurables, la asistencia a los pobres enfermos y su traslado a otros hospitales.

Ese mismo año, decidió construir una nueva enfermería. Gracias a una Real Cédula de 1676, la Caridad obtuvo dos almacenes y dos casas junto a las Atarazanas, permitiendo ampliar sus instalaciones. Las obras avanzaron con rapidez y, en septiembre de 1677, la segunda enfermería quedó terminada, fortaleciendo la labor asistencial de la hermandad.

En 1678 Mañara escribió al entonces regente Juan José de Austria para pedirle más espacio en las Atarazanas para construir una tercera enfermería. Ese mismo año se iniciaron las obras de esta enfermería y se construyeron los patios, realizados por Leonardo de Figueroa.

Y el deseado de retiro de Mañara

A lo largo de su vida, Miguel de Mañara sintió la vocación de retirarse para llevar una vida religiosa, aunque sus confesores le aconsejaron continuar con su labor en la Caridad. Durante la Semana Santa, solía retirarse temporalmente al monasterio cartujo de Santa María de las Cuevas o al monasterio franciscano de San Pablo de la Breña, en Morón de la Frontera. Finalmente, en octubre de 1677, solicitó vivir en la Caridad como un pobre más, y la hermandad aceptó su petición

Qué son los Jeroglíficos de las Postrimerías

Las dos obras de Valdés Leal en la Iglesia de la Caridad de Sevilla, son una visión plástica del Discurso de la Verdad de Mañara: En Finis gloriae mundi (El fin de la gloria del mundo) aparece, en primer término, un cadáver de un obispo en descomposición, junto a los despojos de órdenes militares; en la parte alta, una mano angélica muestra una balanza, en cuyos platillos están colocadas las obras buenas y malas que son pesadas en el juicio, con los letreros: Ni más, ni menos: ésta será la equidad del juicio divino. En la otra obra: In ictu oculi (En un abrir y cerrar de ojos) aparece un esqueleto, figura de la muerte, que con su guadaña aplasta los despojos desordenados de todo lo que cuenta en este mundo: una tiara, una corona, libros de ciencia, ricos vestidos, etc. Todo lo que va a quedarse aquí después de la muerte. Estas dos obras sobre la muerte fueron realizadas por Juan de Valdés Leal en 1672 y se encuentran en el interior de la Iglesia de San Jorge de la Hermandad de la Caridad.

El "Discurso de la Verdad" de Miguel de Mañara

En 1671, Miguel de Mañara publicó Discurso de la Verdad, una obra de profundo contenido ascético y espiritual. En ella, expresa su desprecio por la vanidad del mundo y reflexiona sobre la muerte y las postrimerías, siguiendo una visión barroca de la vida.

Mañara describe la existencia como una lucha entre dos ejércitos: el de Cristo, símbolo de la verdad y la salvación, y el de la gran Babilonia, representación de la soberbia y el engaño. Critica la confusión del lenguaje, que ensalza la riqueza, el poder y la apariencia en detrimento de la virtud. También arremete contra la hipocresía, denunciando a quienes ocultan sus malas acciones bajo una falsa imagen de virtud. Esta obra refleja el pensamiento de Mañara y su convicción de que la vida terrenal es efímera, mientras que la verdadera recompensa se encuentra en la eternidad.

Y sabemos cómo fueron los últimos días de Miguel de Mañara

En los últimos años de su vida, Miguel de Mañara padeció graves problemas de salud, con intensos dolores, vómitos de sangre y fiebre. Sin embargo, nunca se quejó de su sufrimiento. En 1677 expresó al arzobispo Ambrosio Ignacio Spínola su alegría ante la muerte, pues ansiaba encontrarse con Dios. El 9 de mayo de 1679 pronunció sus últimas palabras: "Con grandes deseos de salir de este mal mundo y de ir a ver a Dios". Ese mismo día falleció.

La noticia de su muerte se extendió por toda Sevilla y mucha gente acudió a ver su cuerpo. Fue enterrado junto a la puerta de la iglesia 1679, pero unos meses más tarde su cuerpo fue trasladado a una bóveda debajo del presbiterio, en el lado derecho del altar.

En 1985, el papa Juan Pablo II, reconoció que había vivido heroicamente las virtudes cristianas, lo que equivale a la declaración oficial de venerable.

Y qué reconocimientos tiene en su haber.

Existe un estatua de Miguel de Mañara, en los jardines de la Caridad, en Sevilla, a partir de la que el escultor Susillo había realizado en 1895 para la galería de los doce sevillanos ilustres del exterior del Palacio de San Telmo.

Se conoce algo relativo a su testamento

En su testamento escribió

Yo, Don Miguel Mañara, ceniza y polvo, pecador desdichado, pues los más de mis malogrados días ofendí a la Majestad altísima de Dios, mi Padre, cuya criatura y esclavo vil me confieso. Serví a Babilonia y al demonio, su príncipe, con mil abominaciones, soberbias, adulterios, juramentos, escándalos y latrocinios; cuyos pecados y maldades no tienen número y solo la gran sabiduría de Dios puede numerarlos, y su infinita paciencia sufrirlos, y su infinita misericordia perdonarlos”.

Autor.  Feliciano Robles.

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